miércoles, 29 de abril de 2009

TIEMPO !!!




A medida que crecemos; que empezamos a formarnos como personas racionales y objetivas. Empezamos a entregarle el tiempo a la vida, a la sociedad, a las creaciones, etc.

Reducimos el tiempo para brindarselo a mi vida y a las personas que conviven conmigo; tal vez al leer esto razonen un poco. Pero todo con un principio ineludible convivimos en sociedad estamos en constante comunicación, una comunicación integradora de un bienestar familiar. Aquella comunicación familiar que poco a poco se va perdiendo, en aquel ambiente en donde creciste y reíste diariamente, donde caíste y te levantaron aquellas palabras alentadoras y tan motivantes que solo la familia puede brindarte.
Pero a medida que vamos creciendo nos olvidamos de esa instrucción; por el simple echo de centrarnos en un crecimiento personal y autónomo, por la consecución intelectual de nuestros ideales. Hay veces es tan cegante dichas acciones que empiezas a confundir expresiones que se te transmiten; nadie puede negar que el saber te brinda una ubicación el en mundo pero el saber no actúa solo; el saber es algo compartido y constructivo entre varios actores.
El saber posee y distingue varios ramas, no solo un saber intelectual, esta el saber familiar, el saber personal, el saber hacer, etc. Ahora quisiera dejarles esta anécdota para que nunca se olviden, para que razonen un poco y no dejes nada a la deriva; para que involucres todo a tu vida; la mejor opción es todo y disfrutar del viaje...

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.
Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se
incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:
-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.
El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:
-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.
-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.
Contrariado, el padre apenas abrió la boca para decir:
-Ochocientos pesos.
-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.
El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:
-Así es que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no sigas fastidiando, muchacho....
El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable: "Tal vez necesita algo", pensó, y queriendo descargar su conciencia se asomó al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:
-¿Duermes hijo?
-Dime papi, respondió él entre sueños.
-Aquí tienes el dinero que me pediste.
-Gracias papi –susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó jubiloso-.
Tengo, ochocientos pesos..., ahora papá:

¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU TIEMPO?

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